Al triunfo de Lima y El Callao

Payadas

Las mejores payadas y payadores

Descolgaré mi changango
para cantar sin reveses,
el triunfo de los patriotas
en la Ciudad de los Reyes.

Cielito, cielo que sí,
están los Sanmartinistas
tan amargos y ganosos ,
que no hay quien se les resista.

Apartando una torada
me encontraba yo en mi hacienda,
pero al decir: Lima es nuestra
le largué al bagual la rienda.

Cielito, cielo que sí,
cielito de Fr. Cirilo,
y ya enderecé hasta el pueblo,
y ya me vine en un hilo.

Estaba medio cobarde
porque ya otros payadores
y versistas muy sabidos
escribieron puras flores.

Allá va cielo y más cielo,
cielito de la mañana...
Después de los ruiseñores
bien puede cantar la rana.
Bartolomé Hidalgo
Lima anduvo endureciendo
entre el temor y el encono,
y por ajuste de cuentas
D. Laserna largó el mono.

Cielito, cielo que sí,
bien se lo pronostiqué,
pero ya que así lo quiso
tenga pacencia el Virrey.

Desconfiando de su alzada
quitaron a D. Pezuela
porque el infeliz tenía
medio picada una muela.

Cielito, y luego a Laserna
le encargaron el gobierno...
¡Ah, mozo para un encargue
si no hubiera sido invierno!

Juyó con todas las platas
y aun alivió los conventos
no dejando ni ratones
con la juerza del tormento.

Cielito, cielo que sí,
tome bien la deresera,
porque con la pesadumbre
no dé en una vizcachera.

Con puros mozos de garras
San Martín entró triunfante,
con jefes, y escribanistas
y todos los comendantes.

Cielito, cielo que sí,
digo cese la pendencia,
ya reventó la coyunda,
y viva la Independencia.

Y en cuanto gritaron viva,
ya salieron boraciando
los libres con las banderas
que a la patria consagraron.

Cielo, y ya las garabinas
y los cajones roncaron,
y hasta las campanas viejas
allí dejaron el guano,

¡Qué bailes y qué junciones!
y aquel beber tan prolijo,
que en el rico es alegría
y en el pobre pedo fijo.

Cielito, cielo que no,
por el bravo San Martín
no hubo ciego violinista
que no rompiese el violín.

Cayó Lima: unos decían,
ya tronó, gritaban otros
, ¡oiganlé al matucho viejo
qué mal se agarró en el potro!

Cielito, digo que sí,
todo era humor y alegría,
y andaba mandando juerza
toda la mujerería.

¿Y qué me dicen, señores,
de un tal general Cantera
que diz que vino al Callao
a llevarse una zoncera?

Cielito, digo que sí,
cielito de los escesos,
este infeliz sucumbió
como ratón en los quesos.

Como el hambre le apretaba
dejó el castillo al instante,
y sacó la soldadesca
a ver si le daba el aire.

Cielito, cielo que sí,
cielito de tres por ocho,
que se empezó a desgranar
lo mesmo que maíz morocho.

Más de ochocientos soldados
se pasaron de carrera,
y en un tris no más estuvo
que se viniese Cantera.

Cielito, digo que sí,
de hambre morir no quisieron,
y les encuentro razón
porque estarían muy fieros.

Viendosé entonces perdidos
irse pensó por la costa,
y Cockran meniando bala
jue matando esta langosta.

Cielito, digo que sí,
por fin el pobre juyó
y el Callao con sus cangallas
a San Martín se rindió.

Solo el general Ramírez
quedó y también Olañeta,
pero pronto me parece
que entregarán la peseta.

Cielito, cielo que sí,
cielito del bien que quiero,
estos pobres han quedao
dando güeltas al potrero.

La Patria, sigún mi cuenta,
es lo mesmo que el banquero,
que por precisión se lleva
la plata de enero a enero.

Cielito, en este supuesto
sepa el amigo Fernando,
que mientras él tenga apuntes
la Patria sigue tallando.

Que los medios que le quedan
los va a perder, y muy presto,
y él no tiene caracú
para coparnos el resto.

Cielito, cielo que sí,
cielito de los corrales,
o han de agachar sin remedio
o han de ir a los pajonales.

Provincias de Buenos Aires
y de Cuyo, valerosas,
con triunfo tan singular
debéis estar muy gozosas.

Cielito, cielo que sí,
cielito del fiero Marte,
en empresas tan sublimes
os tocó la mejor parte.

Y con esto honor y gloria
a los Sur-Americanos,
que supieron con firmeza
libertarnos del tirano.

Cielito, digo que sí,
cielito de la victoria,
la Patria y sus dinos hijos
vivan siempre en mi memoria.

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