Bartolomé Hidalgo
Descolgaré mi changango para cantar sin reveses, el triunfo de los patriotas en la Ciudad de los Reyes. Cielito, cielo que sí, están los Sanmartinistas tan amargos y ganosos , que no hay quien se les resista. Apartando una torada me encontraba yo en mi hacienda, pero al decir: Lima es nuestra le largué al bagual la rienda. Cielito, cielo que sí, cielito de Fr. Cirilo, y ya enderecé hasta el pueblo, y ya me vine en un hilo. Estaba medio cobarde porque ya otros payadores y versistas muy sabidos escribieron puras flores. Allá va cielo y más cielo, cielito de la mañana... Después de los ruiseñores bien puede cantar la rana. Lima anduvo endureciendo entre el temor y el encono, y por ajuste de cuentas D. Laserna largó el mono. Cielito, cielo que sí, bien se lo pronostiqué, pero ya que así lo quiso tenga pacencia el Virrey. Desconfiando de su alzada quitaron a D. Pezuela porque el infeliz tenía medio picada una muela. Cielito, y luego a Laserna le encargaron el gobierno... ¡Ah, mozo para un encargue si no hubiera sido invierno! Juyó con todas las platas y aun alivió los conventos no dejando ni ratones con la juerza del tormento. Cielito, cielo que sí, tome bien la deresera, porque con la pesadumbre no dé en una vizcachera. Con puros mozos de garras San Martín entró triunfante, con jefes, y escribanistas y todos los comendantes. Cielito, cielo que sí, digo cese la pendencia, ya reventó la coyunda, y viva la Independencia. Y en cuanto gritaron viva, ya salieron boraciando los libres con las banderas que a la patria consagraron. Cielo, y ya las garabinas y los cajones roncaron, y hasta las campanas viejas allí dejaron el guano, ¡Qué bailes y qué junciones! y aquel beber tan prolijo, que en el rico es alegría y en el pobre pedo fijo. Cielito, cielo que no, por el bravo San Martín no hubo ciego violinista que no rompiese el violín. Cayó Lima: unos decían, ya tronó, gritaban otros , ¡oiganlé al matucho viejo qué mal se agarró en el potro! Cielito, digo que sí, todo era humor y alegría, y andaba mandando juerza toda la mujerería. ¿Y qué me dicen, señores, de un tal general Cantera que diz que vino al Callao a llevarse una zoncera? Cielito, digo que sí, cielito de los escesos, este infeliz sucumbió como ratón en los quesos. Como el hambre le apretaba dejó el castillo al instante, y sacó la soldadesca a ver si le daba el aire. Cielito, cielo que sí, cielito de tres por ocho, que se empezó a desgranar lo mesmo que maíz morocho. Más de ochocientos soldados se pasaron de carrera, y en un tris no más estuvo que se viniese Cantera. Cielito, digo que sí, de hambre morir no quisieron, y les encuentro razón porque estarían muy fieros. Viendosé entonces perdidos irse pensó por la costa, y Cockran meniando bala jue matando esta langosta. Cielito, digo que sí, por fin el pobre juyó y el Callao con sus cangallas a San Martín se rindió. Solo el general Ramírez quedó y también Olañeta, pero pronto me parece que entregarán la peseta. Cielito, cielo que sí, cielito del bien que quiero, estos pobres han quedao dando güeltas al potrero. La Patria, sigún mi cuenta, es lo mesmo que el banquero, que por precisión se lleva la plata de enero a enero. Cielito, en este supuesto sepa el amigo Fernando, que mientras él tenga apuntes la Patria sigue tallando. Que los medios que le quedan los va a perder, y muy presto, y él no tiene caracú para coparnos el resto. Cielito, cielo que sí, cielito de los corrales, o han de agachar sin remedio o han de ir a los pajonales. Provincias de Buenos Aires y de Cuyo, valerosas, con triunfo tan singular debéis estar muy gozosas. Cielito, cielo que sí, cielito del fiero Marte, en empresas tan sublimes os tocó la mejor parte. Y con esto honor y gloria a los Sur-Americanos, que supieron con firmeza libertarnos del tirano. Cielito, digo que sí, cielito de la victoria, la Patria y sus dinos hijos vivan siempre en mi memoria.